Nos cuentan las enciclopedias que los antiguos celtas llamaban jarre a la garra de cualquier animal. De ahí los franceses pasaron a llamarla  jarret y al castellanísimo jarrete hubo un solo paso, para designar en nuestro idioma a la parte alta y carnuda que se extiende desde  la pantorrilla a la parte corva o trasera de las rodillas de  las patas de los mamíferos cuadrúpedos

Nuestro  jarrete de cordero se   prepara a  baja temperatura glaseado en su jugo y se sirve con cebollitas francesas confitadas y patatas  panaderas al romero.

Nosotros aconsejamos acompañarlo con un buen vino tinto que dicen  quienes lo probaron, hacen tan buenas migas que queda de  toma pan y moja